Ricky Nelson

Imagen extraída de: lilylahijadelencargado.wordpress.com

Un paradigma de la armonía en el Rockabilly

Los orígenes del concepto de armonía se remontan al griego harmonía, que significa “juntura” o ensamblaje. El Diccionario de la Real Academia Española define armonía como unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes. La armonía es también un arte que consiste en formar y enlazar los acordes. En mi particular opinión, las mejores armonías se encuentran en el gregoriano y en los grandes clásicos de la música occidental, entre los cuales Händel ha sido para mí el más apreciado y el que más momentos de tranquilidad y gozo me ha ofrecido.

Este hecho ―y sin el ánimo de comparar―, sin embargo, no riñe con la posibilidad de encontrar paradigmas contemporáneos de la armonía en la música popular. Uno de ellos es el estadounidense Eric Hilliard “Ricky” Nelson, también conocido como Rick Nelson, cuya carrera musical estuvo marcada por géneros como el rock, el pop y el country, aunque, usualmente, se lo clasifica dentro del rockabilly que, someramente, puede definirse como una combinación de rock y hillbilly, variedad ruda del folk. El rockabilly tuvo su apogeo entre las décadas del 50 y el 60 y, entre sus figuras más destacadas, se encuentran Bill Haley, Carl Perkins, Eddie Cochran y Johnny Cash.

Decía Enrique Jardiel Poncela que las mujeres y los libros que han de marcar una vida llegan sin ser buscados. Creo que sucede también con las canciones y, así, sin buscarlo, llegué a Ricky Nelson, en alguna noche de copas, mientras dejaba correr el reproductor de Youtube azarosamente. Su gran éxito Poor little fool se me antojó un encantador paradigma de armonía que combina algunos elementos tradicionales del country con la balada rock que nacía por aquellos años. A mi gusto, otras de sus canciones muy dignas de memoria son Travelin man; Lonesome town; It´s up to you; Hello Mary Lou, Goodbye heart y I will follow you. Tal vez, la Providencia quiso que recordáramos a Ricky Nelson con su hermoso y cautivador rostro juvenil y, por eso, nos lo arrebató un 31 de diciembre de 1985, con apenas 45 años, pero sus armónicas melodías viven hasta hoy y nos evocan momentos de la historia que brillan ante un presente que, en ciertas ocasiones, es opaco y disonante.

Escrito por: Carlos Andrés Gómez
La Ciudad del Sonido / 2021
https://linktr.ee/laciudaddelsonido

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