Jorge Drexler

Imagen extraída de: miravox.info

Una vida en la música

Soy un enemigo de la inestabilidad, detesto eso de ir por la vida dando tumbos, sin rutinas, sin decisión, sin rumbo fijo y, creo que, muchas veces, se abusa de la frase “cumplí mi ciclo” o “cerré un ciclo” para justificar un cambio abrupto y caprichoso de carrera, de empleo o hasta de pareja y país de residencia. Quienes hemos sufrido las inclemencias del desempleo con todo lo que este implica, aprendemos a valorar o a valorar mucho más ―como es mi caso― la estabilidad laboral, por ejemplo, el hecho de permanecer y ascender en un mismo trabajo, los horarios fijos, el compromiso con una profesión y la continua cualificación. En buena medida, la felicidad consiste en saber para qué es uno bueno, qué le gusta y caminar por ese sendero que le abren sus talentos y afinidades.

Jorge Drexler supo desde niño que la música era lo suyo y a eso dedicó sus empeños. Eso no le impidió ser médico otorrinolaringólogo ―tampoco se trata de condenar la versatilidad―, pero, a decir verdad, la música es la protagonista de su vida. A los cinco años de edad comenzó estudios de piano y, a los once, de guitarra clásica. Desde su infancia ha estudiado técnica vocal, composición, armonía y lenguaje musical. Drexler es un músico profesional, sin que esta última palabra le quite al arte lo que es: belleza, pasión, sensibilidad. En sus canciones, expresión de su personalidad, descubro la magnífica unión entre la disciplina y el éxtasis, siempre con un trasfondo de sobriedad y seriedad, condiciones esenciales para que el artista no se pierda en el torrente de sus propias experiencias ni olvide que la buena música no surge por ciencia infusa o buena intención.

Sea (2001) es mi canción favorita de Drexler, la considero una oda a la serenidad y la paciencia ante los cambios de la vida y me ha enseñado, como muchas letras de este talentoso músico uruguayo, que la vida es también un equilibrio entre control y descontrol; hay circunstancias que se salen de nuestras manos y nos llevan por vías insospechadas, pero eso no es pretexto para dejar todo al azar y no planificar. Hay que trazar rutas y poner metas, hay que trabajar y esforzarse, pero teniendo la flexibilidad de aceptar que sea lo que sea y amar la trama más que el final.

Escrito por: Carlos Andrés Gómez
La Ciudad del Sonido / 2021
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