Darío Gómez

Darío Gómez

Eterno.

Juan Sebastián Ocampo Murillo es historiador, magister en Filosofía y estudiante de Teología de la UPB, y profesor del programa de Teología de Uniclaretiana, en Medellín (Colombia). A todas luces, es un ciudadano del sonido. A pocos días del fallecimiento de Darío Gómez, hemos querido publicar estas sentidas letras de Juan Sebastián sobre el significado de esta carrera musical tan importante para Colombia, y, especialmente, para el pueblo antioqueño. También compartimos cinco canciones de Darío Gómez que están entre las favoritas de nuestro autor invitado.

¡Por supuesto que Darío Gómez representaba una parte importante de nuestra cultura! Es válido que las personas quieran expresar su luto, ya sea yendo a su velorio, colocando su música por todos lados o dedicándole un estado en sus redes sociales. Al fin y al cabo, el artista representa el espíritu popular, y nuestra identidad grupal se ve reforzada por las diversas manifestaciones artísticas: el arte se fabrica y reproduce en una sociedad determinada, pero también crea la posibilidad de que los colectivos humanos se entiendan a sí mismos y para que los individuos puedan leer sus propios desafíos existenciales: el arte celebra la vida social, con sus triunfos y sus tragedias, con sus héroes y sus villanos, con sus virtudes y sus pecados. El arte narra las costumbres en común de un alma grupal y pone al alcance de los sentidos y de la imaginación las imágenes con las cuales podemos sentir afinidad.

Con la defunción del artista, muere la persona y nace el ídolo cultural. El conglomerado social pierde a un ser humano de carne y hueso, pero gana al eternizarse a sí mismo.

La música de Darío Gómez puede venir a nuestro recuerdo porque la asociamos con las fiestas, reuniones, viajes y banquetes al lado de nuestra familia o junto a nuestros amigos y seres queridos. Quizá fue la banda sonora de paseos a algún río, a una piscina o a una finca. Quizá también venga a nuestra memoria porque se encargaba de alegrar las coloridas festividades de nuestros pueblos, veredas, corregimientos y municipios. Cuando íbamos a hacer un mandado a la tienda predilecta de nuestro barrio, a lo mejor, sus melodías estaban sonando por los altoparlantes. En un nivel más íntimo, muchos de nosotros recurrimos a ella en momentos de desamor y engullidos por sentimientos de tristeza y zozobra.

El arte habla sobre la condición humana en general y sobre las grandes historias que nutren nuestro panorama cultural particular; en torno a él construimos ritos y formas de relacionarnos con los demás y también con nosotros mismos. El arte constituye un ambiente propicio para la creación de espacios: lugares de disfrute profano o de contemplación sagrada. El arte pone sobre la mesa nuestras expectativas individuales, nuestros temores y nuestro dolor, y nos hace comprender que todas estas cosas no son exclusivas de un solo individuo, sino del género humano, tanto en el pasado como en el presente.

En el arte podemos leer procesos históricos complejos, así como arquetipos universales. En Darío Gómez podemos entrever el duro proceso de urbanización y poblamiento citadino en Colombia con todo lo que ello acarrea: destrucción de modelos tradicionales, bucólicos y cuasipastoriles de familia, villa y aldea; no obstante, sus producciones musicales también dejan una abertura que posibilita abrir una ventana al espíritu humano, así nos damos cuenta que hombres y mujeres de todas calidades y latitudes anhelan el amor, la eternidad, el goce y la amistad.

Que descanse en paz, maestro.

Escrito por: Carlos Andrés Gómez
La Ciudad del Sonido / 2022
https://linktr.ee/laciudaddelsonido

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